Las Melillas de Agrimbau

En estos días he tenido el gusto de ser anfitrión. De un buen amigo que ha disfrutado de esta extraña tierra africana que ha tenido el gusto/ disgusto de acogerme. Siempre es un gusto poder “jugar de local” como me reclamaba Die.

No hay que pensar mal: se ha hecho turismo (más bien gastronómico); se han visitado lugares exóticos (incluso un recorrido en barco de la costa melillense que estuvo bastante bien, la verdad); ha habido muchísima diversión (las Star Wars turcas aún resuenan en mi cabeza) gracias, también, al resto de amigos. Pero como no podía ser de otra manera, ha habido historieta… y mucha.

Agrimbau en acción

Se la jugué al maestro. Un día se iba a ganar el sueldo. ¡Suena mal pero es así! En realidad, le propuse, dada su presencia y (esto es mera envidia) su asueto, que hiciera un pequeño taller didáctico de historieta. Y como no podía ser de otra manera aceptó.

Fueron en total cuatro grupos: dos de segundo de la E.S.O.; y otros dos de cuarto. Para unos cuantos de estos niños era su primer contacto con la historieta. Por descontado con alguien que ejerza la profesión. Si me apuran su primer contacto con un referente cultural. No exagero. Tengo niños brillantes y creativos (mi instituto actual, el Enrique Nieto, nada tiene que ver con las fruslerías de mi anterior destino) pero, todo hay que decirlo, los chicos de mi tutoría son capaces de medir un poema cualquiera con regla, escuadra y cartabón. Casi ná.

Parte del auditorio

Las clases oscilaron en torno al arte del guión. Se podría pensar que los chicos no se iban a sentir atraídos por algo tan poco vistoso como técnicas de guión. Pero Agrimbau es una fuente de sorpresas. Son muchos años dando talleres. Y se nota. Puso ilusión y los chicos, otra cosa no, son agradecidos. En cierta medida jugaba con ventaja: ya no se trataba de motivar y evitar las suspicacias de sentirse cuestionado a cada momento por el que paga; aquí se trataba de alentar, de jalear, de acercar un trozo de nuestro arte a quienes van a ser nuestro futuro (suena más bonito que decir nuestras futuras ventas).

Cada  grupo disfruto a su manera de la didáctica. Unos preferían que todo girase alrededor de los personajes, de los arquetipos que hemos creado. Otros, se decantaban porque Diego les desgranase los entresijos de la elaboración de tramas. Los que menos, intentaron hacerle una entrevista en vivo y en directo…

El caso es que disfrutaron como lo que son, niños. Incluso hubo un gran momento. Uno de los grupos, 4ºA, se rebeló (de buenas maneras, claro). Que no querían ir ni a Biología, ni a Tecnología. Querían quedarse en la charla. Querían continuar con los “juegos de manos” de los ejercicios de narrativa dibujada, de la elaboración de historias imprevistas.

Pocas dudas

Es entonces cuando uno piensa que, a veces, acercar la historieta al gran público no debe ser tan difícil. La gente joven es un medio que aprecia. Pero si se le acerca. No podemos esperar que ellos vengan a nosotros. Die, lo sabe. Cualquier acto, por pequeño que sea, atrae lectores. Por ejemplo, preparando esa entrevista aún inédita, uno de los chicos, Lorenzo, le comentó a Diego que su “planeta extra” era el primer tebeo que leía su madre.

¿La culpa es de su madre? Obviamente no. La culpa es de esta industria dependiente y amarrada a un tipo de lector concreto y mediatizado por un gusto. No busca más. ¿Qué editorial regala algo de esos fondos que luego se saldan a bibliotecas escolares? ¿Qué editorial arrastra a sus autores a qué compartan su tiempo con talleres de animación a la lectura, máxime a la lectura de nuestro medio, para chicos de cualquier edad?

Ni un segundo de descanso

No son horas para reflexionar. Ni tampoco de crear vacuos debates. Que en eso los historietistas si que somos expertos. Bla, bla, bla. Mucha blogosfera y muchos comentarios sesudos. Pero poco apremio. Nada por ganarse la base.

A veces, puede ser algo tan sencillo como poner un poco de buena voluntad.

Anuncios

8 pensamientos en “Las Melillas de Agrimbau

  1. He dado muchos talleres, sobre todo de historieta, y los niños (y chavales, no los hagamos cabrear) son (casi) siempre MUY agradecidos.
    Yo, de una manera u otra, siempre he disfrutado.

    Tienen suerte estos púberes al tener un profesor que se preocupa de enseñarles otras “formas de comunicación”.

    Chapó!

    • A ver si el día menos pensado te traigo para que des una charleta. Lo conseguí con un paisano argento, así que un sevillano no ha de ser muy complicado. ¡Un abrazo maese!

  2. Yo, encantado, ya lo sabes.
    Unir devoción y obligación es un lujo que pocas veces se puede permitir uno…

    Otro abrazo, Maese Mora!

    • Pues en cuanto pise usted las europas. ¿Hablamos de octubre, no? Tenemos como siempre tiempo este verano de preparar el desembarco. ¡Le mando un abrazo fortísimo! Ah, ¿le dijo el señor Bicho? Cumple el encargo que me encomendaron para el Maneco…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s